Cada vez que los autónomos tenemos que contabilizar una factura nos preguntamos si ese artículo o servicio tiene un IVA u otro.

La verdad es que incluso a los asesores fiscales muchas veces nos vuelve locos este tema y tenemos dudas a la hora de elaborar el modelo 303.

En este post, vamos a intentar resumir brevemente las actividades que van al 21% de IVA, al que se le llama tipo general.

Qué es el IVA

En primer lugar, es importante hablar de qué es el IVA. El IVA es el impuesto indirecto por excelencia y grava el consumo que realizan todos los ciudadanos, independientemente de su renta.

Actualmente existen tres tipos de IVA: general (21%), reducido (10%) y superreducido (4%). Conforme a lo regulado en el artículo 90 de la Ley del IVA, el tipo general en España del Impuesto sobre el Valor Añadido es del 21%.

Se trata del porcentaje que se aplica por defecto a todos los productos y servicios, siempre que no tenga una situación especial que lo introduzca en la categoría de reducido o superreducido o que el producto o servicio esté exento de IVA.

Qué está sujeto al impuesto

Algunos ejemplos de productos que están sujetos al IVA son: Electrodomésticos, ropa, calzado, tabaco, bricolaje, servicios de fontanería…

La mayoría de artículos están sujetos a este tipo y más tras los últimos cambios, que llevaron hasta este tipo los servicios de peluquería, gimnasios y hostelería y otros similares.

Se incluyen productos sanitarios, bienes intermedios, equipos médicos e instrumental sanitario.

21% de IVA

Modelos de IVA

Recuerda que una vez que hayas empezado a facturar tienes la obligación como autónomo de presentar los modelos que reflejan este impuesto.

En Declarando puedes presentar tanto el modelo 303 (trimestral) como el modelo 390 (resumen anual del IVA), de manera fácil, sencilla y totalmente gratuita.

Una vez lo hayas hecho con la ayuda de nuestro asesor virtual, nunca más vas a volver a tener problemas.

Nuestra plataforma calcula el porcentaje de IVA que te corresponde y desde luego no querrás volver a los complicados formularios de Hacienda o los caros servicios de un asesor fiscal convencional.