Como ya os hemos contado anteriormente, una comunidad de bienes es un acuerdo entre 2 o más autónomos que deciden asociarse para practicar su actividad. Los socios, que habitualmente se les llama comuneros, siguen siendo autónomos pero tienen la titularidad de esta “sociedad”. Es una situación muy habitual para pequeños negocios que les guste la sencillez y que no vayan a hacer enormes inversiones en el proyecto.

 

Por desgracia, las cosas no siempre salen como uno espera y menos en el mundo de los trabajadores autónomos. Hay veces que los número no salen y hay que detener la actividad; cuando uno trabaja solo, no hay ninguna duda, pero cuando forma parte de una comunidad de bienes, la disolución trae algún dolor de cabeza. Aún así, no es tan complicado como el cierre de una PyME, pero es importante leer detenidamente este artículo para no cometer errores que conlleven sanciones. 

Lo primero que se tiene que hacer al disolver una comunidad de bienes es pagar las deudas con la administración pública, son los que más nos pueden buscar las cosquillas. Después hay que atender los pagos a los proveedores, porque si tenemos alguna reclamación o embargo, deberemos afrontarlo con nuestro patrimonio personal. 

El siguiente paso es el reparto de los bienes entre los socios de la comunidad. Para ello, hay que hacer un contrato de disolución privado, muy similar al de constitución, y en el que se recoge los motivos por los que se ha tomado la decisión y el reparto de los bienes que se tengan. Para que sea todo totalmente legal, hay que presentarlo en el Registro de Sociedades. Ahora bien, como sabéis la fiscalidad de la comunidad de bienes tiene alguna que otra particularidad y una de ellas es que hay que pagar un Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos (modelo 600) para disolver la sociedad, con un importe de 1% sobre lo repartido a los comuneros.

Ahora ya sólo falta notificar la disolución a Hacienda, presentando el modelo 036 y a la Seguridad Social con el el modelo TA 521 y el acuerdo de disolución. Con esto ya se habría formalizado el cierre de la comunidad de bienes y los autónomos pueden seguir su vida uno por cada lado. 

Decíamos antes que hay que poner por escrito las causas de la disolución. Las más habituales son: 

  • Porque ninguno de los socios quieren seguir y se llega a ese acuerdo
  • Porque ha finalizado el tiempo de asociación que se fijo en el contrato privado de constitución
  • Por la muerte o incapacidad de uno de los socios (esperemos que no sea nunca el caso ;))
  • Por la renuncia de uno de los socios
  • Por resolución judicial

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