Escribió: 30/09/2021 | Actualizó: 30/09/2021 · Autor: Joan Marco

Cómo montártelo como autónomo en marketing y vivir (bien) de ello

Lo de «emprender», dicho ahí a palo seco, suena genial.

Dices eso de «soy emprendedor» y todo el mundo te imagina subido al dólar tras haber tenido una idea cambiavidas.

Peeeeeero, y si eres emprendedor como yo lo sabes de sobra, la realidad es bien distinta.

Emprender desde cero, con una mano delante y una detrás, tiene una parte sombría que hay que saber sortear hasta llegar a poder ganarte la vida más o menos bien con lo que haces.

Y no hablo solo de pagar cuotas de autónomos como si no hubiera un mañana, que también.

Yo, que emprendí en marketing en 2014, me las he visto de todos los colores y sabores y estoy aquí para contarte un poco mi experiencia.

Empezaré desde el principio, para que veas un poco los pasos que he seguido y lo que he ido haciendo, los plazos, los costes… Un poco de todo hasta llegar al final, que es donde estoy ahora y lo puedes ver reflejado en mi señora web.

Al final de cada fase, a modo de complemento, te listaré los aprendizajes principales de dicha etapa.

Go.

Fase 0: La casilla de salida

Persona en una montaña simbolizando el inicio de una nueva aventura laboral

Mira, yo emprendí en marketing porque «de lo mío» en España no había.

Lo mío es la geofísica, aunque propiamente dicho soy Ingeniero en Cartografía y Geodesia especializado en Geodesia y Geofísica.

En 2011 me fui a Berlín a hacer un proyecto con la NASA y cuando lo terminé me puse a buscar curro de cosas que requirieran de cierto nivel de español porque mi alemán no era el mejor de la historia, por decirlo de alguna forma.

Buscaba en un portal llamado Indeed, y ahí filtrando por «Spanish» vi por primera vez que el mercado, al menos el alemán, demandaba muy mucho un perfil llamado «consultor SEO».

Al final empecé en una oficina de ingenieros y eso quedó en el olvido, hasta que me la dejé y volví a mi Valencia natal con un finiquito muy pequeño y sin saber muy bien qué hacer con mi vida.

Esa fue mi casilla de salida: con apenas 400€ en el banco en un país que no apuesta por la investigación en mi campo. Y con un recuerdo muy vago de algo de nosequé cosas de SEO, que no tenía ni idea.

¿Qué aprendí en esta etapa?

  • Aprendizaje 1: se puede emprender partiendo prácticamente de 0.
  • Aprendizaje 2: hay que tener los ojos bien abiertos a la demanda y encontrar el equilibrio entre lo que te pide el cuerpo, el bolsillo y el mercado de trabajo.  

Fase 1: Desierto

Desierto simbolizando la falta de actividad al inicio de una carrera de marketing

No tenía otra cosa que hacer, así que me puse a indagar por Internet y me enteré de qué iba eso del SEO. Hablamos de 2014, donde no había taaaantos consultores como hay ahora.

Miré de formarme con un curso básico y el jefe de un colega me contrató para posicionarle su agencia de azafatas y escuela de español para extranjeros, en plan cobrando poco pero echando mis horillas.

«Así aprendo, oye».

A su vez, a un amigo de Berlín le conté lo que hacía y como había leído mis incendiarias publicaciones en Facebook me dijo que si quería escribir experiencias para la empresa en la que trabajaba.

Muy mal pagadas, pero ya era algo: había conseguido un currito fijo por dos duros y además tenía otro pagador, que cuando tenía faena me la mandaba.

Y aquí llega el primero de los problemas: la facturación.

Claro, mi jefe y mi colega, viendo que la cosa marchaba, quisieron que todo estuviera regulado y yo dije que sí.

Mi madre me pasó el contacto de su gestor, fui a verle y me di de alta en el maravilloso mundo de los autónomos. En mayo de 2015 pagué mi primera cuota (reducida, eso sí).

El tiempo pasaba y yo poco a poco iba aprendiendo: conforme más leía y practicaba, más cosas sabía hacer. Aprendí lo básico de todo: redes sociales, diseño web en WordPress, analítica, bla bla bla.

De pronto, la cosa con los negocios de mi exjefe se acabó y empecé a buscar clientes por mi cuenta.

Lo que viene a partir de este momento es un graaaaaaan desierto de esto:

  • Registros en páginas de microencargos de marketing: Nubelo (hoy Freelancer), Twago, Geniuzz, Fiverr, Textbroker…
  • Envíos de propuestas relacionadas con la creación de contenidos SEO. Buscaba encarguitos de redacción, vamos.
  • Aceptación de muuuuuuy pocas de esas propuestas, que además eran a un precio de risa.

En mitad de este desierto, de pronto, encontré un oasis: uno de esos microencargos no era tal, sino que buscaban a alguien que hiciera contenidos y supiera de SEO.

¿El curro? Una jornada completa en una agencia de marketing turístico.

¿Dónde? En Barcelona, ciudad a la que probablemente se iba a mudar mi por aquel entonces churri, que andaba en busca de curro de lo suyo y allí había oportunidades.

Blanco y en botella: me fui a Barcelona y empecé como SEO en la agencia. Ahí descubrí cómo funciona el mundo del turismo, al que me dedico ahora.

Ese oasis duró un año, porque era falso autónomo (me obligaban a ser autónomo y a no tener clientes propios) y no aguanté más.

Prefería desierto, y al desierto que volví: estuve varios meses buscando encarguitos de redacción. Me monté una web y todo en la que me vendía como redactor. Te hablo de la segunda mitad de 2016.

Y entonces llegó el punto de inflexión, pero antes de hablar de él vamos con algunas sombras.

Yo, personalmente, vivía con mi ex en un piso de alquiler en Barcelona y no podía aportar a nivel de pasta todo lo que aportaba ella, que era una feliz asalariada.

Te puedo decir que con los encarguitos y cosas que iban saliendo, de media, creo que no llegaría a los 600-700€ mensuales.

Y había que pagar el alquiler, la comida, y las cuotas de autónomo (que ya no eran tan bajitas como al principio), y los viajes a Valencia para ver a la familia, y algún viajecito veraniego, las facturas, etc.

Total, que me cansé y me empecé a venir un poco abajo, y eso fue lo que me llevó al punto de inflexión.

¿Qué aprendí en esta etapa?

  • Aprendizaje 1: el mercado exige profesionales del marketing digital.
  • Aprendizaje 2: la mejor idea, formarse de alguna forma y ponerlo todo en práctica.
  • Aprendizaje 3: cuando no te conoce nadie o no tienes una marca más o menos sólida es más complicado que te acepten los presupuestos que envías.
  • Aprendizaje 4: hay que ingresar algo, de una forma u otra.
  • Aprendizaje 5: si quieres hacerlo legal, toca hablar con un profesional y tú a lo tuyo, a lo que sepas hacer.

Fase 2: El punto de inflexión

Persona sentada en un campo simbolizando un punto de inflexión en su carrera

Malvivir no es una opción cuando has apostado por emprender. O no lo es, al menos, durante un periodo muy prolongado de tiempo.

Mi tope llegó en marzo de 2017, tras dos años y medio de experiencia y desierto.

Me dije que si esto del marketing no me salía, me volvía a la ingeniería, o me pondría a currar de marketero pero en otra agencia donde no me explotaran y me hicieran un asalariado, aunque tuviera que renunciar al placer de currar en casa.

Mi última bala fue apuntarme a un curso que vi por Facebook, cuando no había tantos vendehúmos como ahora.

No tenía la pasta, así que me bajé los pantalones y se la pedí a mi madre, asegurándole que si no me salía su hijo volvería a ser ingeniero —ya veríamos dónde—, como ella quería.

El curso resultó ser la primera edición de lo que hoy se conoce como #SoyCopywriter.

Me gustó. Sentí que había llegado al sitio adecuado. El copy era lo mío.

Aquí tengo que hacer un inciso: hay cursos, cursos y cursos. Yo tuve la gran fortuna de dar con uno que resultó ser muy útil. No había muchos copys en España en ese momento, el sector turístico no tenía un referente en ello y el creador, Javi Pastor, sabía lo que se hacía.

Tuve suerte, vamos.

Llego a pillar un curso distinto e igual me llevo el desengaño de mi vida y estoy como ingeniero en otro país en cero coma.

Peeeeeero el curso me gustó y cambió mi dirección: ya no iba por un desierto en el que no veía el final, sino que sabía exactamente lo que tenía que hacer para que al final la cosa marchara.

Con la formación completada sabía que sería solo una cuestión de paciencia y buena letra, y así fue.

¿Qué aprendí en esta etapa?

  • Aprendizaje 1: hay que encontrar LA formación que encaje perfectamente contigo y lanzarse.
  • Aprendizaje 2: tener un rumbo claro despeja muuuucho las dudas en tu carrera como emprendedor.

Fase 3: Mirando al futuro – diversificando y creando equipo

Personas en una mopntaña simbolizando el concepto de equipo

Tocaba cambiar de plan: tenía que sacarme una web nueva con todo lo que había aprendido, que decidí que fuera con mi marca personal.

Corría el verano de 2017 y me posicioné como copywriter turístico (y gastronómico, aunque con los meses pivoté y me quedé solo como turístico).

Sabía que me estaba cerrando algunas puertas, pero también que algunas las tendría abiertas de par en par por haberme especializado en marketing turístico.

Los primeros meses mi facturación no aumentó. Me dedicaba a mantener los miniclientes de redacción que tenía de antes. 

Nadie me conocía, nadie leía mi joven blog y no hacía puerta fría.

Pero como sé que el SEO era cuestión de paciencia, seguí escribiendo artículos para mi blog y para blogs de otros y al cabo de los meses, la cosa se puso a mejorar.

Me iban llegando solicitudes a la web. Pocas, pero iban entrando, y la facturación media aumentó.

La cosa marchaba.

A nivel personal, en cambio, la relación con mi ex se resintió y me volví a Valencia.

A todo esto, las cuotas no cesaban. Una y otra vez, religiosamente a final de mes, la Seguridad Social pasaba por mi cuenta acabada en *4521 para hacerme una limpieza. Los gajes del autónomo.

El coste de que la cosa marchara era alto: además del cambio a nivel personal, le echaba muuuchas horas al curro. Estaba todo el día pensando en él: en un presu enviado, en cómo abordar un trabajo para un cliente, en cuándo haría esto o esto otro… Y además tenía que lidiar con los clientes, quizá la peor parte.

Así que, como había hecho otras veces antes, levanté la vista para visualizarme más adelante y tomé dos decisiones:

  • Tenía que construir un pequeño equipo que me ayudara con distintas cosas
  • Todos mis ingresos no podían depender de los servicios que prestaba a clientes

Para el tema del equipo, hablé con gente y me empezaron a ayudar: encargos menores, administración… Un poco de todo. 

La idea era liberarme de tiempo para poder llevar a cabo lo segundo: sacar algo propio y depender menos del cliente. Diversificar ingresos con otras vías de negocio.

Así que me subí al carro de la formación y creé un programa B2B para el sector turismo, a ver qué tal se daba. Se llamó Capitán Reservas.

Lo hice en PDF, montándome un WordPress con un plugin para tener alumnos y colgar el contenido y un Slack en el que hacer comunidad.

El programa fue tirando, poquito a poco. Aunque no fue mal, no tuvo la aceptación que yo esperaba con el paso del tiempo y coincidiendo con la llegada de la pandemia mundial tomé una tercera decisión directamente relacionada con la segunda: necesitaba una escalera de valor.

¿Qué aprendí en esta etapa?

  • Aprendizaje 1: una web de marca personal me ayudó a crecer.
  • Aprendizaje 2: el trabajo con clientes consume mucho tiempo y esfuerzo.
  • Aprendizaje 3: la formación y crear equipo son dos vías para reducir tu dependencia de ellos (la formación en cuanto a dinero y el equipo en cuanto a tiempo).

Fase 4: Completando la escalera de valor

Escalera en una playa

Aunque sin ella con el copy ya me ganaba la vida, lo cierto es que yo quería más. Había emprendido casi por necesidad, pero ahora que había probado el dulce del pastel me apetecía seguir comiendo.

El sector turístico se vio golpeadísimo por la pandemia, pero a mí personalmente me fue bien. Quizá fue por haber estado posicionado el primero para todo lo relativo a lo que yo hacía, porque me cambié de web e invertí en branding o yo qué sé, pero los clientes llamaron, algunos de ellos de cierta entidad.

Aproveché ese tirón para no agobiarme con lo de la escalera y seguí trabajando en el programa que tenía, monté paralelamente un nicho SEO para sacar pasta con AdSense y nada, fui tirando millas con los clientes grandes que tenía.

Cuando acabé esos trabajos sí que me dije que esa escalera tenía que llegar, que los clientes grandes eran tan lucrativos como duros de roer.

Mi escalera de valor ya tenía algunas piezas, pero le faltaban otras. 

Tenía las vías de entrada gratuitas (tengo muchos lead magnets en la web) y un programa de alrededor de 500€, con un enfoque más para empresas turísticas.

¿Qué me faltaba?

Un producto de pago que estuviera entre los lead magnets y este programa, y así nació Turmenta hace ahora casi un año.

Tampoco fue muy dramático: web en WordPress con plugin para membresías, planificación de contenido y a buscar turmenters en plan orgánico, desde la base de datos de suscriptores e Instagram

A su vez, pensé en un escalón paralelo al de Capitán Reservas, que era solo para empresas turísticas.

¿Qué pasaba con los copys? Si alguien se quería formar en copy turístico, ¿qué podía hacer?

Y así surgió la idea de Turiwriter, un curso en papel que te enseña a dedicarte a lo que yo me dedico: currar de copy y redactor para empresas del sector turístico.

Ya tenemos los lead magnets, y de ahí se pasaría a Turmenta. De Turmenta se pasaría a Capitán Reservas (si eres empresa turística) o a Turiwriter (si eres copywriter turístico o quieres serlo).

Faltaba el escalón más alto: quienes completaran esos programas, ¿dónde acababan?

Y este escalón, aunque lo conozco, me lo voy a reservar por dos motivos:

  • En el momento de escribir estas líneas aún me encuentro confeccionando Turiwriter, por lo que ese escalón todavía no está listo.
  • Sé cómo va a ser, pero necesito darle forma y pensar en los detalles.

Pero llegará, que tener una escalera de valor completa que permita que los usuarios pasen de un producto a otro supone un hito que quiero cumplir sí o sí para poder automatizar ciertos procesos y conseguir tiempo.

¿Qué aprendí en esta etapa?

  • Aprendizaje 1: los clientes enormes son lucrativos, pero difíciles de llevar.
  • Aprendizaje 2: el siguiente paso para crecer es diseñar una escalera de valor con distintos productos, precios y soluciones… y empezar a montarla.

Fase 5: Show must go on

Gente en una fiesta simbolizando el concepto de vivir bien del marketing

Vamos terminando, porque hemos llegado al punto en el que me encuentro ahora y quiero ponerte al día, además de decirte hacia dónde quiero ir.

Lo hago con 10 puntos:

  1. Con mi equipo sigo prestando servicios de copy y redacción a empresas turísticas.
  2. También hago formaciones personalizadas, presenciales y online.
  3. Le estoy dando caña a Turmenta.
  4. Le he quitado el soporte a Capitán Reservas (se presta en Turmenta) y lo he bajado de precio.
  5. Estoy completando Turiwriter.
  6. Vivo solo en un piso en Valencia, de alquiler. Vaya leña.
  7. Sigo pagando cuotas de autónomo, pero ya tengo la SL en mente.
  8. Mi equipo ha ido variando con el tiempo por diversas razones. Hoy estoy muy contento de contar con quien cuento.
  9. Sin ser una barbaridad, he conseguido aumentar mi facturación neta año tras año desde que hice mi primera Renta, allá por 2016.
  10. Puedo decir bien alto que vivo del marketing siendo autónomo.

Ha sido un crecimiento lento. Mucha gente llega a vivir de esto en menos tiempo del que he invertido yo. Soy consciente, y lo era cuando empecé.

Pero no estoy haciendo cosas que van en contra de mis principios, no hago puerta fría, no me gasto pastizales en publicidad y cuando curro lo hago la mar de cómodo.

Y lo más importante: disfruto de la tranquilidad de saber que lo estoy haciendo despacio pero bien, y el camino que tengo por delante me ilusiona tanto como el primer día que estuve en la oficina de mi exjefe.

¡Se puede!

Autor:
Joan Marco
Copywriter turístico